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Como Israel se convirtió en un centro de investigaciones en cannabis

Como Israel se convirtió en un centro de investigaciones en cannabis

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Muchas personas han escuchado de Raphael Mechoulam, el científico israelí y el “padrino del cannabis” que logró aislar al THC en los años 1960s. Sin embargo, la conexión entre Israel y la marihuana se basa en mucho más que solo una persona o un único descubrimiento.

Dato curioso: el cannabis se ilegalizó en Israel antes de que dicho país se volviera un estado independiente en 1948. Esta planta fue incluida en la “Ordenanza de drogas peligrosas” de 1936 escrita por la Realeza Británica – por el Comisionado de Palestina, cuando este país todavía se encontraba bajo el dominio británico. En 1961, Israel se sumó como una de las naciones adherentes a la Convención Única de 1961 sobre Drogas Narcóticas de la ONU, un documento que prácticamente generó los cimientos de la prohibición internacional del cannabis como la conocemos. Un par de años después, en 1973, el parlamento israelí enmendó el acta de 1936, pero notablemente, mantuvo legales las investigaciones sobre el cannabis. En contraste, en los EE.UU., las investigaciones sobre el cannabis han sido – y siguen siendo- extremadamente restringidas por las prohibiciones federales en drogas.

Investigaciones cannábicas revolucionarias

En los primeros años de la década del 1960, un joven científico del Instituto Weizmann comenzó su travesía en la investigación del cannabis. De acuerdo con Mechoulam, la investigación del cannabis en estos años estaba casi completamente abandonada por dos razones principales. Primero, el cannabis era una sustancia ilegal, por ende no era fácilmente accesible para los científicos y laboratorios de investigaciones. “Incluso si era obtenida legalmente, la investigación en el laboratorio era una pesadilla,” dijo Mechoulam a la revista Adicción. 

“Fuí con el director administrativo del Instituto Weizmann y le pregunté si conocía a alguien dentro del cuartel general de policía… llamó al jefe de la rama de investigación del cuartel policial, con quién había estado en el ejército. Escuché cómo el oficial de policía le preguntaba ‘si era confiable (refiriéndose a mí)’ Como recibió una respuesta positiva, me pidió que vaya a Tel Aviv. y así pude obtener cinco kilogramos de un hachís libanés de contrabando excelente,” dijo Mechoulam.

La segunda razón era que la forma pura/aislada de los compuestos químicamente activos de la planta de cannabis no estaban disponibles para la investigación. Otras drogas ilícitas derivadas de plantas, como lo son los opioides y la coca, ya habían sido aisladas en el siglo 19; e.j.: la morfina y la cocaína. La disponibilidad de estos compuestos puros hizo posible la realización de investigaciones bioquímicas, farmacológicas y clínicas. Por lo tanto, Mechoulam tenía mucho trabajo por delante.

La siguiente generación de investigadores

Lumír Hanuš en su laboratorio en Jerusalén, Laboratorios Lumir. (Matan Weil/The Cannigma)

Mechoulam se juntó con unos colegas y formó un equipo de investigación en cannabis. Primero se unió Yuval Shvo, y en conjunto re-aislaron y establecieron la estructura del cannabinol, también conocido como CBD. El CBD fue aislado por primera vez por Roger Adams en la década del 1940 pero su estructura solo se conocía parcialmente, por lo que fue uno de los primeros hallazgos revolucionarios del equipo de Mechoulam. Poco después se unieron dos investigadores más al equipo – Yehiel Gaoni, quien había terminado recientemente su doctorado en química orgánica en la Sorbona, y Haviv Edery, quien emigró desde Argentina unos años antes. Su objetivo era resolver uno de los primeros enigmas del cannabis – mediante la identificación de los constituyentes activos del cannabis. Primero lograron identificar la estructura del THC, y continuaron con el descubrimiento de varios cannabinoides “menores”.

A finales de los años 1980s, muchos de la nueva generación de investigadores realizaron parte de sus trabajos en Israel, varios junto a Mechoulam. Las dos figuras que resaltan son Bill Devane, quien formó parte del equipo estadounidense de investigación que descubrió el primer receptor de cannabis, y Lumír Hanuš, un investigador checo que ya se había visto implicado en investigaciones sobre cannabinoides en su país de origen. En conjunto con Mechoulam, los dos descubrieron a la anandamida en 1992, el primer cannabinoide endógeno (es decir, endocannabinoide). Su trabajo, en conjunto y por separado, los guió hacia el descubrimiento del sistema endocannabinoide, considerado como un hallazgo revolucionario en el campo de la medicina y la ciencia. Tanto Devane como Hanuš se han visto fuertemente envueltos en la investigación cannábica desde entonces.

La investigación cannabica israelí ha influenciado trabajos importantes llevándose a cabo en distintas partes del mundo. Por ejemplo, la súper estrella de la investigación cannábica, el Dr. Ethan Russo, quien es responsable de conceptos populares como el efecto séquito y la deficiencia endocannabinoide clínica, comenzó sus investigaciones sobre el cannabis a finales de los años 1990s y considera a Mechoulam como uno de sus mentores.

Condiciones ideales para los estudios clínicos

Un hombre en un residencial israelí recibiendo cannabis desde un vaporizador. (Chameleon’s Eye/Shutterstock)

El ministro de salud israelí comenzó a conceder permisos de cannabis medicinal a finales de la década del 1990. Las indicaciones más comunes para el tratamiento con cannabis en ese entonces eran el VIH/SIDA y el cáncer, pero en realidad solo unos pocos pacientes aplicaban para dichos permisos, e incluso menos eran garantizados.

La mayoría de los pacientes se encontraban muy enfermos e incapaces de navegar la logística y burocracia del proceso de conseguir un permiso y cultivar su propio cannabis. Si los pacientes lograban conseguir una planta o semillas, la mayoría estaban faltos de conocimiento y equipamiento para cultivar y crecer su propio cannabis. 

Todo esto cambia cuando varios de los titulares de los permisos comenzaron un colectivo de cultivo, Tikun Olam (hebreo para “reparando el mundo”). Este grupo de voluntarios consiguió un permiso para cultivar 100 plantas de cannabis para otros pacientes, y también introdujo la utilización del cannabis medicinal para los ancianos que viajan de un residencial a otro, incentivando el uso de cannabis con fines terapéuticos. Eventualmente el número de titulares de permisos era tan grande que Tikun Olam no pudo seguir operando como una ONG y se convirtió en una compañía privada en 2010. Ese mismo año, otros siete productores de cannabis comenzaron a operar en el país.

El uso medicinal del cannabis en Israel continuó creciendo año tras año, con aproximadamente 2.000 pacientes tratados para el 2009, 22.000 para el 2015 y alrededor de 50.000 para el 2019. Este crecimiento creó las condiciones para poder potenciar las diferentes investigaciones cannábicas. Antes de la actividad de Tikun Olam, las investigaciones en Israel eran mayormente preclínicas pero con una disposición creciente de pacientes al tratamiento con cannabis medicinal, y comenzaron a surgir estudios clínicos con pacientes reales, especialmente para condiciones como la epilepsia, el Alzheimer, el cáncer, la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa.

Al mismo tiempo, una nueva generación de investigadores cannábicos emergieron por sí mismos. Dos buenos ejemplos son Dedi Meiri, del instituto de tecnología Technion-Israel, y Yossi Tam, de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Meiri dirige el Laboratorio de Investigación de Cannabinoides y Biología del Cáncer, que investiga temas como el potencial terapéutico de los cannabinoides y se enfoca principalmente en diferentes tipos de cáncer, epilepsia y diabetes. Yossi Tam es el jefe del Centro Multidisciplinario de Investigaciones en Cannabinoides de la Universidad Hebrea, el cual consiste básicamente en docenas de investigadores de una amplia variedad de campos de estudio, centrándose en temas como la inflamación, el dolor, el sistema inmune, el metabolismo y el cáncer.

A pesar de que el programa israelí de cannabis medicinal comenzó en los años 1990s, a día de hoy continúa teniendo muchas limitaciones. Los pacientes suelen quejarse acerca del acceso, la dificultad para obtener una prescripción, y los costos elevados que no son cubiertos por las aseguradoras.

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